Nunca estuve de los primeros en la línea de salida. Tampoco hizo falta. Correr me enseñó mucho sobre mí mismo y con sus altibajos lo disfruté por eso más que por estar más o menos en forma o delgado. Cada salida era una clase de autoconocimiento y cada carrera popular una prueba superada con satisfacción.
He escuchado lo mismo habitualmente de gente que hace yoga, y supongo que es la experiencia que cualquier actividad física practicada con cierta consciencia y periodicidad te da. Un conocimiento no "leíble" pero sí racional a la vez que instintivo.
Lo echo de menos porque desde que pase el COVID no estoy igual, he perdido las reacciones que tenía antes, el idioma corporal. Las señales que reconocía y me iban guiando. Antes salía a correr y volvía activo, optimista, con una satisfacción y sensación de fortaleza que me duraba uno o varios días. Ahora no se para qué salgo, sufro cada kilómetro y vuelvo... cansado.
Pero hay que seguir resistiéndose a la marea, así que "a las calles".
