APNEA es el título de una obra de teatro que compré impresa al lado de la plaza del Pumarejo. Después de leerla, como me gustó, se la envié por correo postal a mi (único) amigo dramaturgo.
Apnea también parece ser lo que explica todos "los males" de los que me quejo desde que salí de un COVID doméstico a finales de abril de 2021, a punto de recibir la primera dosis. Desde entonces cansancio continuo, somnolencia acusada, reducción drástica de la potencia y resistencia física y también cosas "mentales" más difíciles de definir como falta de memoria a super corto plazo, pérdida de frescura en los razonamientos y capacidad de concentración. De ninguna de esas cosas " me voy a morir", por ahora porque si lees las estadísticas comparativas de la apnea del sueño y la falta de oxigenación da miedito. La mía debe ser de verdad "severa", como me dijeron por teléfono. Porque una doctora que apenas me miró a la cara ni me ha soportado quejándome estos cuatro años y pico, vió el informe de la noche que pasé en el hospital y me ha dado inmediatamente una máquina de esas de la foto que normalmente recibes después de meses de espera.
Sin volverle la cara al asunto tampoco estoy vuelto loco informándome en internet ni nada, más que con paciencia intento afrontarlo con un poco de temple y serenidad. Sobre todo intentando no lamentarme del "tiempo mal pasado". Tampoco tengo claro que esté ya "en el Sur de la cuestión" aunque, contra la opinión de mi otrora médico de cabecera sí siento que me acerco más que alejarme.
Este diagnóstico, además de un cabo del que tirar, algo muy conveniente para un "tío" que siempre "tiene que estar tirando de algo"🙄😬 como yo, me reconforta porque me dice que "equivocado, equivocado no estaba". Y eso es algo que nada ni nadie me ha dicho en mucho tiempo. Sigo en este vital mar de dudas, pero el rumbo no es malo y mal que bien navego y remo siguiéndolo más allá de flotar a la deriva.