Sin sexo no seríamos, pero con él tampoco llegamos a compañer@s. Nos mantenemos conscientemente alejadas. Para querernos bien restringimos al otro nuestra cotidianeidad. Celosos de una gran parcela de privacidad y autonomía, aunque nos paseemos en pelotas. Somos refugio, pero no hogar... En el hogar no hay más remedio que meter todo, lo bueno y lo no tanto, y eso nos lo guardamos cada uno en su casa. Y lo dejamos atrás cuando queremos subir a la montaña a respirar aire puro, frío y limpio...y a buscar cálido refugio.
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