Algo que se me olvida recurrentemente es lo sufrida que es esta ciudad en verano. Los días serán más largos, "buen tiempo", "menos trabajo"... uno, de natural inocente y optimista los espera con ilusión planes y proyectos, pero luego cuando llegan..... ¡ay!!, entonces es como si (exactamente como si) hubiera fuera un temporal de viento y nieve: inhabilita actividades en el exterior, deprime, exige climatización doméstica para estar y desmonta cualquier iniciativa y uno solo desea que terminen ya cuanto antes.
Dormirse una siesta y levantarse en septiembre. "Ojalá" eso y no el mundial de fútbol.
Vivir en un sitio donde irte de vacaciones en julioagosto no sea "obligatorio" para el bienestar. Antes, solo y joven sacaba provecho a los resquicios y las oportunidades que se escapaban de la los térmica de la realidad, ahora creo vislumbrar los a lo lejos pero no alcanzo y me inunda la apatía veraniega, inmovilizándome. Veo series y leo libros que olvidaré enseguida y la actividad física brilla por su ausencia lastrando los impulsos reactivos. Al menos otro día menos...
Luego en Septiembre y primavera, se refresca está Sevilla y se pone simpaticona y engatusadora. Cíclicamente me parece olvidar entonces lo que detesto está ciudad, de la que como el marinero inexperto de la costa soy incapaz de alejarme.

Siempre sorprendiendo. En septiembre finalmente no, no ha refrescado y se han sucedido los días más calurosos del verano...
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