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martes, 21 de agosto de 2012

El misterio de Bialetti

sí, una de  esas "máquinas de café" que de máquina tiene poco y mucho de todo lo demás.
Resulta que me resisto a creer que este invento que resiste con éxito generaciones y "revisiones estéticas", como diría algún arquitecto pijo metido a interiorista, lleve en su concepción subrepticiamente ese concepto también de moda de la "obsolescencia programada":
El único punto débil de la cafetera es que a uno se le olvide sobre el fuego mientras lee algo en internet en otra habitación y se termine quemando la junta de goma. Pero para eso, yo que me he vuelto algo maniático y quizás demasiado previsor, YA tenía el repuesto oficial de Bialetti.
.
. Decidme que eso no es cariño y gusto por el café y la cafetera.....
.
Y sin embargo no funciona, ya no sale bien el café. Ni mal.
Cuando lleno la cafetera solo con agua, sube sin problemas (la muy cab&ona), pero si le pongo café en el cazillo, da la impresión de que se calienta el agua demasiado y va saliendo en forma de vapor pero sin condensar.... por mis asignaturas aprobadas debería encontrarle una explicación.




Pero tampoco las generaciones anteriores me han ayudado. Mi madre dice que después de mucho intentarlo a veces funciona o que también ha terminado comprandose una cafetera igual nueva, tras ser incapaz de que con el recambio original funcione como al principo.
Eso no puede ser!!!!!!!!!!!!!
buceando un poco con el google tampoco he encontrado nada, y les he preguntado a unos amigos italianos, que acongojados, porque les toca en el sentimiento, tampoco me han podido ayudar.

...si me das la solución te estaré muy agradecido.

martes, 27 de marzo de 2012

Patente del inmediato futuro. (y precedentes)

En el concurso anual de patatas con formas curiosas que se celebra en la ciudad de Wichita Falls en el estado de Oklahoma, se presentó en 2006 una patata de una regularidad geométrica pasmosa, un paralelepípedo ortogonal exacto que no recibió ningún premio ni mención especial ante aquella con forma de bailarina o una con la forma de la huella del pié del Amstrong que para orgullo estadounidense pisó la luna por primera vez. Además de conseguir el primer puesto esta patata ganadora hizo saltar las lágrimas durante el himno de la entrega de premios a muchos de los presentes.

Algunos de los asistentes sin embargo no se dejaron llevar por la emoción, porque estaban trabajando. Localizaron inmediatamente al productor del cúbico tubérculo y le entregaron, eso sí, bajo firma de estricta confidencialidad, una suma cientos de veces mayor a la cuantía del primer premio para llevarse la particular patata inmediatamente.

El resultado se vio a los pocos meses; se producían con éxito patatas 10x10x10cm o XXL 10x10x20cm. ¿Ventajas? Muchas, entre otras mayor densidad en el transporte y patatas fritas mucho más regulares, y de manejo industrial más sencillo. En menos de cuatro años coparon el mercado. Claro que en restaurantes de alto nivel seguían cultivando patatas “tradicionales”, algunas pocas variedades que habían resistido y valían literalmente su peso en oro servidas con piel en las mejores mesas de las capitales del mundo.

Y aquí es donde entra nuestra patente combinada. Por un lado el desregularizador de tubérculos que con una simple programación le da a una amplia variedad de tubérculos ortogonalizados una forma única y “tradicional” carente de parámetros regulares apreciables.
¿Y la piel?, nuestra segunda patente, film elástico autoadhesivo alimenticio de apariencia absolutamente natural y sabor neutro. Actualmente disponible para patata, zanahoria, nabo y boniato y en corto plazo para un mayor número de variedades.

viernes, 24 de febrero de 2012

Extraños compañeros

Primer día: Miradas pendientes de todas las miradas. Extraños compañeros de auditorio. Presentaciones en un titubeante inglés.

Segundo día: Prospección de afinidades. Rebuscamos entre los aspectos, entre las sonrisas, entre los pasados compartidos.

Cuarto día: Primera quedada. Baño de cerveza. Notable excitación. Risa fácil. Primeras miradas penetrantes. Llegada a casa con la sensación de ser de nuevo joven.

Quinto día: Salida nocturna. Extraños compañeros de aventura. Sólo los que están solos acuden el primer día de marcha. Acabas con un australiano hipersexual y una escocesa que cuenta su dramática vida como quien si hablara de fútbol en un bar pijo donde todas las mujeres visten como Beyonces.

Séptimo día: Saludos protocolarios. Extraños compañeros de cortesía. En el café de media mañana buscas el calor de tus "nuevos amigos". Se empiezan a formar grupos, generalmente a partir de las distintas nacionalidades.

Décimo día: La rutina empieza a pedir la palabra. De repente, sin quererlo, uno de tus primeros amigos comienza a distanciarse, rehuye la conversación...extraños compañeros de curso. Simultáneamente uno de los desconocidos, con quien no habías hablado antes, se dirige a tí y te demuestra que parece muy simpático. Te presenta a sus "amigos" que, por regla general, no son tan simpáticos; cada grupo empieza a tener sus reglas y sus inercias.

Decimocuarto día: Cada uno tiene un lugar más o menos fijo en el auditorio y unos compañeros de pupitre casi fijos. Extraños compañeros de fidelidades. En la primera fila se sienta R que es de Kaschemir y tiene una hija de seis años. Se sienta ahí porque le cuesta entender el inglés. En la segunda fila, la barra de cincuentones resabiados tipo "ya-lo-sé-todo-de-la-vida-pero-quiero-seguir-aprendiendo". Son los que preguntan siempre, incluso cuando no tienen nada que preguntar. En medio una miriada de razas y edades que suele sonreir a cualquiera; podríamos decir que son los "normales": M de New Brunswick, J de Dinamarca, E y A de Nueva York, G de Yorkshire, S de Australia y un largo etcetera, pues son la mayoría. En la penúltima fila, invariablemente, los nativos que a veces son simpáticos y a veces asimpáticos...un misterio para mí, una gran tranquilidad para ellos. En la última fila, por un lado están los hombres buenos, ya un poco de vuelta de la testosterona que quedan para ir al gimnasio y cenar con sus familias: P de Alemania, R de Colorado, B de Denver. Finalmente, al fondo a la izquierda un grupo de mujeres que parecían amigas de toda la vida desde el primer minuto del curso: B de Etiopía, A de Boston, J de Perú y S de London pero más india que la rueca.

Vigésimotercer día: Empiezan las prisas, primeros agobios, demasiado endebles como para privar a nadie de unas pintas. Penúltimas celebraciones masivas. Momento propicio en teoría para las declaraciones de amor maduro , aunque parece que todos estamos en lo nuestro. Extraños compañeros de principios.

Trigésimosegundo día: Definitivamente hay tres tipos de personas: los que saben perfectamente lo que quieren (y consecuentemente asustan un poco) como L de Portugal y con más curriculum a sus 26 años del que jamás vaya yo a tener, M de Australia con un aire de surfera eterna y prepotente, E de Nueva Zelanda que una vez intento ser simpática y se hizo un esguince de mandíbula, P de Sudáfrica disfrazado de no-camaleón; los que no tienen ni idea de lo que quieren, como todos los autóctonos incluida la que llegó al polo norte, S de Haití que no sé por qué me contó que tenía una amante y K de Japón que no para de sonreir sin mucha dirección; finalmente el grupo, entre los que me incluyo, de los que hay días que pertenecemos a los primeros y días que a los segundos, pero que tenemos claro que hay que pasarlo bien como A sueco de Finlandia, N de Suiza, A de London y unos cuantos más.

Trigésimonoveno día: Alguna gente empieza a opinar sobre otra gente. Peligro, peligro. El temario se agolpa frente a nuestras horas que debieron ser de estudio. Carreras hacia la biblioteca para estudiar o hacer que se estudia. Ya hay cierta confianza con algunas personales a las que puedes decirles que estás aburrido o melancólico, por ejemplo. Extraños compañeros de sentimientos.

Cuadragésimo sexto:...

...este es el grupo, mi grupo, tan distinto y tan parecido a los grupos de otros años que da miedo y que como si fuera una gran criatura, se despertó un día, se desperezó, se relamió las escamas para que relucieran, empezó a caminar con un paso dubitativo hasta que cada cual encontró su ubicación y la mecánica se engrasó, cogió carrerilla, alcanzará la meta y se echará a dormir para siempre guardando en su recuerdo como un regalo la amistad de dos o tres personas que serán distintas para cada uno de nosotros y que serán unos extraños compañeros de todo para todos los demás.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Cuando saqué la cabeza del agua me dí cuenta enseguida. Un instante antes de asomar los ojos cerrados a la superficie después del reconfortante chapuzón tan largamente esperado, sentí la pérdida del colgante que durante tantos años llevé a cuello.
Pensé inmediatamente en que en esas aguas cristalinas podría encontrarlo y me quedé quieto inocente, intentando no remover el agua para no eliminar las pequeñas posibilidades de bucear y rescatarlo del fondo de arena negra a más de tres metros de profundidad. Al mismo tiempo mantuve la expresión de alegría en la cara, sin dejar aflorar el agudo daño que me provocaba perder lo que para mí era algo así como un amuleto sagrado. Elena me miraba desde la orilla, probablemente sacando fotos sin parar, y no podía estropear esa ilusión compartida con una mueca. Así que abrí los ojos sonriente con el flequillo pegado a la frente, agité las manos fuera del agua saludando y tomé una gran bocanada de aire para probar suerte con la búsqueda.
El colgante era una moneda uruguaya del año 1930, troquelada dejando huecos entre el dibujo central de un puma, y el canto. No era un legado familiar, ni yo tengo nada especial que ver con el Uruguay, simplemente la conseguí en un mercadillo al lado del cementerio de la Recoleta en Buenos Aires un Diciembre muchos años antes, pero se había convertido en una de las pocas cosas que me unían en ese momento con mi hija, con mi familia y con la vida tranquila que había llevado tanto tiempo. Aurora nació el 24 de Abril del 2006. Cuando era pequeña siempre le llamaban la atención las cosas brillantes y no paraba de jugar con la moneda de 10 centésimos sobre mi pecho cuando la tomaba en brazos. Desde entonces pensaba que sería un bonito regalo para su vigésimo cuarto cumpleaños, en el 2030, por esas cosas que tenemos algunos de buscar las simetrías y coincidencias en los números y las fechas, como si fueran señales mágicas que nos confirman que vamos por el camino correcto. Perder el colgante significaba para mí romper el encantamiento, cerrar las posibilidades de volver a encontrarla y de recuperar una vida normalmente feliz.
(continuará…)

lunes, 7 de noviembre de 2011

Postadolescencia y sensaciones Pre-Facebook

Ja ja ja … me he reido mucho, tu mail es muy ingenioso…” pero luego nadie te escribe para decírtelo o para contarte su vida que es lo que tu has hecho y esperabas ser correspondido… luego quizás te digan,con suficiencia, “es que tu NECESITAS escribir”, y en cierto modo será verdad pero desde luego lo que no necesito es escribirte a ti que no me contestas, recibes mis emailes y si los lees lo haces como el que lee un forward de alguien desconocido…
Para no seguir en esa dirección que solo lleva a enfados de mayor o menor envergadura con los que son al fin y al cabo tus amigos pues dejas de escribir esos estúpidos correos, y resulta que sí, tenían razón los cabrones y lo necesitabas …
...porque ahora que ya no lo haces, que no escribes, lo echas de menos.

jueves, 7 de abril de 2011

Sin título

Ahora que llevo en la tundra demasiado tiempo como para contarlo, jugaré a dejar volar la imaginación...Vamos allá, cuesta un poco desentumecer -¡rutina mata!- pero lentamente las alas empiezan a mover el aire y los pies se vuelven ligeros...el centro de gravedad sube hasta el cuello y, cuando me quiero dar cuenta, ya estoy suspendido con los ojos abiertos o cerrados o ¡yo qué coño sé!

Es Martes y no toca trabajar (he dicho que voy a imaginar). Noto como el alba viene más cálida de lo normal. Bajo. ¡Humm, tostada con jamón! Me la ha puesto el camarero mudo sin ni siquiera haberme preguntado. Cojo el coche y me pierdo, desde el primer kilómetro me pierdo para que quede claro que esa era mi primera y única intención. Asciendo por alguna carretera de sierra mentirosa que serpentea entre las moles de granito. El cielo gris plomizo como si se fuera a caer encima de nosotros. Viento de levante dando nombre a los puertos y un absoluto silencio. Hago camino sin prisa hasta llegar a un pueblo perdido. El pueblo es de una sola calle y en el nace un río. Busco un restaurante por vagas referencias y al pasar por segunda vez por la calle principal, un hombre que circula en sentido contrario me hace señas. Bajo la ventanilla.
- ¿Te has perdido? Como te he visto pasar dos veces...
- No - respondo cual Páramo tragabuche.

Paro a comer que ¡hasta en las imaginaciones pasa uno hambre! Un cocido con tocino y dos huevos fritos con la yema naranja como si fuera el sol atardeciendo con patatas, naranja todavía sabrosa.
- Ocho euros.
- Sí -respondo ya desde la siesta.

Recupero distancia. Reconozco el camino aunque cuando llego al desvío la carretera no existe más. Las lluvias la han derrumbado. "Yo he venido para entrar" imagino que me digo. Me cuelo por la valla, túmulos y túmulos, una oveja con dos corderillos y un arco medio derruido...pero yo no voy a eso, yo voy a alcanzar el punto geodésico que se divisa desde allá abajo. Lo alcanzo renqueante por el esguince que me hice cuando imaginaba que todavía era joven. Sobre mí el cielo se cierne como un enfado de dioses y el viento arranca carreras de seres imaginarios por los campos de cereal. Abro el libro y leo:

Los dos están días enteros

con poca luz y sin hablar.

Hoy cada paso, ya sin sueños,

lo empuja el viento de otros pasos

en dirección a ningún sitio.

Bajo la piel se va marcando

con impudicia el esqueleto:

cuanto posee cada uno

va reflejándose en los ojos

del otro,donde ya no lucen

más que el recuerdo y la venganza.

Puestos de cara a la penumbra,

dando la espalda a la ventana,

nunca han estado así de juntos:

como si fuese un gran amor,

el odio puede mantener a raya

hasta a la propia muerte.


Giro 360 grados y no encuentro obstáculos al horizonte. Inicio la vuelta cuando un susurro me llega por el oeste y me dice:

- Nos vemos aquí el día más largo del año, ante mí, el testigo eterno de la vida, antes de la fiesta pública. Trae los símbolos y diles a los buenos amigos que estén presentes.


Retorno a la legalidad pero sigo imaginando. Todavía no quiero volver a la realidad. Por eso ahora entro en un pueblo invisible y por sus estrechas calles encaladas viro a izquierda y derecha hasta encontrar en su corazón sepultado un río corriente. Me pido un mosto y veo como un cliente mudo y hemipléjico se acerca a la barra y levanta las cejas; la camarera ¡otra vez sin necesitar palabras! le sirve un plato de ensaladilla.


Ya es la hora. Regreso a mi tundra y me encuentro con un cielo de arena que permite mirar al sol sin que deslumbre.

- Acuérdate de nuestro pacto -le digo.

Y guiñándose como un ojo se pierde por el horizonte que marca el fin de esta fantasía.


PD: No sé si será otra jugarreta de mi imaginación, pero lo cierto es que esta mañana me he encontardo un libro de Joan Margarit en el bolsillo de mi chaqueta.

viernes, 25 de febrero de 2011

Almas gemelas

Pusilánime, cuatralbo, cariacontecido, trémulo, estertóreo, furibundo, errabundo -¡cómo no!-, trapisondista, celebérrimo, concupisciente, reverberante, henchido, reloj, saltimbanqui, edulcorado, pizpireta ¡ay!, pingüe, carismático, abisal, veleto, carpetovetónico, bizarro, montaraz, lenguaraz, asaz y todas las palabras que terminan en "az", arrebujado, cetrino, sulfuroso, casquivano, zafarrancho, soliloquio, columbrar, bisbisear, birlibirloque, chisgarabís, mequetrefe, cuchufleta, coscoletas, minflonflos ¡sabor!, zarco, desternillante, óculo, óbito, ríspido ¡esdrújulas al poder!, vecorreydile, pantagruélico, vetusta, valetudinaria, sílfide, adefesio, agelastes ¡yo sí que río!, cancerbero ¡uy, qué miedo! Palabra, verbo ¿Hay alguien ahí?

miércoles, 19 de enero de 2011

Sueños

En mi vida jamás había recordado mis sueños...

Hoy sin embargo, estabais los tres, cenando en algún lugar familiar que no logré reconocer. Conversábamos tranquilamente de las emociones de estos últimos tiempos, cada uno a su manera, en su terreno, rebosantes de vida, con los proyectos que nos ocupan y que nos convierten en felices conscientes; bah, quizas "felices" ya no sea un buen adjetivo: nos falta ya mucha inocencia para regalarnos ese calificativo. Quizás estusiasmados, quizás con todo nuestro afán en que las cosas salgan bien, quizás conocedores de que lo que nos traemos entre manos sólo puede salir bien ¡en ello nos va la vida! ¡Ay, sí, la vida! Esa cosa abstracta que sólo se vuelve carnosa, verdadera, indudable con las mejores y las peores noticias...

Mi parte como sabéis en este pedazo de presente tiene que ver con mi gran viaje. Tiene que ver con esta bicicleta y esta compañía. Tiene mucho que ver con los recuerdos en los que aparecemos juntos. Al contrario que uno de vosotros yo no "escribo para recordar lo que no he vivido" sino que escribo para recordar todo lo que vivimos, todos nuestros tropiezos, nuestras ternuras y nuestras osadías.

Ahora, en este momento me entero de que a nuestro amigo, que era igual que nosotros, ya sólo le queda el pasado. Me entero de que nadie sabe la causa de la muerte súbita y de que llevaba unos días cansado. Me quedo en silencio, me acuerdo de él y pienso que me gustaría estar allí, con vosotros. Como no es posible, sólo me quedó soñarlo.

Lo mismo nos pasará para siempre con P. Por eso, con la mentalidad de aquél niño de cuatro años, pienso y siento: como no va a ser posible volver a verte, te soñaremos.