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domingo, 15 de julio de 2012
En el mundo de fantasio...(II)
...las cosas no son para siempre.
Tras dos años, dos meses y tres días un explorador del siglo XXI ha hollado la inexpugnable cumbre del planeta de fantasio. Allí ha vivido como un ciberermitaño todo este tiempo pensando, sintiendo, escribiendo, compartiendo únicamente con la otra mitad de su ser. Le gustaba la soledad por un sencillo motivo: sabía que en algún momento se acabaría. La soledad que se elige es un sentimiento maravilloso; por el contrario, la soledad impuesta por las circunstancias es uno de los círculos del infierno dantesco.
Emilienko, joven gran amigo, ha llegado hasta aquí siguiendo un rastro, supongo, que yo pude dejar en algún descuido. Mas hay otra posibilidad: que emilienko simplemente se perdiera en la oscuridad de la maleza de bytes en una noche sábado y desenterrara del presente una brillante palabra o idea por la que muchos otros transitaron pero no tuvieron mirada suficiente como para verla. Sólo el que sabe lo que busca, entiende lo que encuentra...
Sea como sea, bienvenido al mundo de fantasio del que ya eres habitante.
¡Salud!
Tras dos años, dos meses y tres días un explorador del siglo XXI ha hollado la inexpugnable cumbre del planeta de fantasio. Allí ha vivido como un ciberermitaño todo este tiempo pensando, sintiendo, escribiendo, compartiendo únicamente con la otra mitad de su ser. Le gustaba la soledad por un sencillo motivo: sabía que en algún momento se acabaría. La soledad que se elige es un sentimiento maravilloso; por el contrario, la soledad impuesta por las circunstancias es uno de los círculos del infierno dantesco.
Emilienko, joven gran amigo, ha llegado hasta aquí siguiendo un rastro, supongo, que yo pude dejar en algún descuido. Mas hay otra posibilidad: que emilienko simplemente se perdiera en la oscuridad de la maleza de bytes en una noche sábado y desenterrara del presente una brillante palabra o idea por la que muchos otros transitaron pero no tuvieron mirada suficiente como para verla. Sólo el que sabe lo que busca, entiende lo que encuentra...
Sea como sea, bienvenido al mundo de fantasio del que ya eres habitante.
¡Salud!
lunes, 9 de julio de 2012
La yerbabuena
Cerramos la puerta cogiéndola los dos por el pomo y mirándonos en silencio cómplices y emocionados. En el golpe de aquel portazo retumbaron todas las historias atesoradas a lo largo de los últimos tres años en la pérgola y, con ellas, los retratos de tanta gente querida que se desvanecieron como lo hacen los reflejos en el agua cuando lanzamos una piedra. Lo malo de estar vivo es que somos una fábrica insaciable de pasado. Lo bueno de estar vivo es que el pasado no se despeña abruptamente, sino que engarza con nuevos presentes.
Nosotros somos privilegiados. Nuestra marcha es consecuencia de nuestros deseos y nuestro destino fue durante mucho tiempo nuestro primer objetivo; una vez más: somos privilegiados.
Saliendo del edificio pensamos en todos aquellos que tuvieron que partir sin desearlo. Los emigrantes de Alemania, Suiza, Francia, Argentina, Venezuela, Colombia, Méjico...Evangelina con su pronunciación híbrida, el padre de Puri, la madre de Pili, los que conocimos en Orleans durante el interrail...tantas, tantísimas personas que tuvieron que partir dejando detrás un vacío en el que se secaron los limoneros y los nísperos.
Ahora, después de leer esta nota de Emilio (¡tiene algo de capítulo del Principito, quizás esa mezcla de alegría y tristeza...!), nos damos cuenta de que la verdadera finalidad de la fiesta fue repartir nuestras queridas plantas entre los queridos amigos. Los cactus en mis botas de explorador neófito, las alegrías, la gervera que sobrevivió a la calima, las flores de pascua, gemelas, en manos de Julia y Laura, nuestras hermanas mellizas, las albahacas, los aloes vera, la palmera en el cubo de Ikea venciendo resistencias con la sonrisa de Mamen, las margaritas, las gitanillas, los potos, la enredadera, las guindillas a Las Pilas, el perejil, las clavelinas y, en el último momento de la fiesta, gracias a una conspiración de gente buena, el limonero y el níspero con rumbo a la alameda.
Quedamos satisfechos pero no felices: todavían quedaban las últimas plantas aguardando su sentencia de olvido en la que fue nuestra última noche en la pérgola. El viernes recogiendo la casa las mirábamos con sentimiento de culpabilidad, pero estábamos tan cansados que decidimos dejarlas...
En esas llegó Maria José y se llevo un par de potos, luego Juan se apiadó del hibisco -la primera planta que compré al llegar a Sevilla-. Finalmente, un segundo antes de cerrar la casa, nuestra vecina de en frente se asomó al rellano para despedirse:
- ¿Te gustan las plantas? -le preguntamos.
- Sí, me encantan-contestó.
Y en un periquete el jazmín, la begoña de Rodeca, la planta de interior de Mariví y la otra del salón , regalo de una paciente, cruzaron el edificio hasta la terraza que da a los juzgados.
Ya sólo quedaba la yerbabuena...
Llegó sana y salva a su nueva terraza y desde ella, mientras escribo estas palabras, me dice que os dé recuerdos a todos vosotros y a todas las que fueron sus compañeras de terraza de su parte. Y de paso, lanza una vaharada de su fragancia en la que viajan en dirección al sur nuestra gratitud hacia todos vosotros y nuestro sentimiento de profunda alegría por saber que las amigas de la yerbabuena están en manos de nuestros amigos, nuestros queridos y admirados amigos.
Nosotros somos privilegiados. Nuestra marcha es consecuencia de nuestros deseos y nuestro destino fue durante mucho tiempo nuestro primer objetivo; una vez más: somos privilegiados.
Saliendo del edificio pensamos en todos aquellos que tuvieron que partir sin desearlo. Los emigrantes de Alemania, Suiza, Francia, Argentina, Venezuela, Colombia, Méjico...Evangelina con su pronunciación híbrida, el padre de Puri, la madre de Pili, los que conocimos en Orleans durante el interrail...tantas, tantísimas personas que tuvieron que partir dejando detrás un vacío en el que se secaron los limoneros y los nísperos.
Ahora, después de leer esta nota de Emilio (¡tiene algo de capítulo del Principito, quizás esa mezcla de alegría y tristeza...!), nos damos cuenta de que la verdadera finalidad de la fiesta fue repartir nuestras queridas plantas entre los queridos amigos. Los cactus en mis botas de explorador neófito, las alegrías, la gervera que sobrevivió a la calima, las flores de pascua, gemelas, en manos de Julia y Laura, nuestras hermanas mellizas, las albahacas, los aloes vera, la palmera en el cubo de Ikea venciendo resistencias con la sonrisa de Mamen, las margaritas, las gitanillas, los potos, la enredadera, las guindillas a Las Pilas, el perejil, las clavelinas y, en el último momento de la fiesta, gracias a una conspiración de gente buena, el limonero y el níspero con rumbo a la alameda.
Quedamos satisfechos pero no felices: todavían quedaban las últimas plantas aguardando su sentencia de olvido en la que fue nuestra última noche en la pérgola. El viernes recogiendo la casa las mirábamos con sentimiento de culpabilidad, pero estábamos tan cansados que decidimos dejarlas...
En esas llegó Maria José y se llevo un par de potos, luego Juan se apiadó del hibisco -la primera planta que compré al llegar a Sevilla-. Finalmente, un segundo antes de cerrar la casa, nuestra vecina de en frente se asomó al rellano para despedirse:
- ¿Te gustan las plantas? -le preguntamos.
- Sí, me encantan-contestó.
Y en un periquete el jazmín, la begoña de Rodeca, la planta de interior de Mariví y la otra del salón , regalo de una paciente, cruzaron el edificio hasta la terraza que da a los juzgados.
Ya sólo quedaba la yerbabuena...
Llegó sana y salva a su nueva terraza y desde ella, mientras escribo estas palabras, me dice que os dé recuerdos a todos vosotros y a todas las que fueron sus compañeras de terraza de su parte. Y de paso, lanza una vaharada de su fragancia en la que viajan en dirección al sur nuestra gratitud hacia todos vosotros y nuestro sentimiento de profunda alegría por saber que las amigas de la yerbabuena están en manos de nuestros amigos, nuestros queridos y admirados amigos.
martes, 3 de julio de 2012
En el mundo de fantasio...
En el mundo de fantasio, los barcos pueden viajar por aire, por tierra, por agua, por la imaginación...pero por donde más les gusta viajar es por el tiempo. Por eso son capaces de de surcar una frase escrita hace más de un siglo y, sin embargo, no abandonar el presente...
En el mundo de fantasio, en ocasiones, todas las cosas tienen sentido: el lugar, la luz de la luna, los amigos que se reunen para despedir al aventurero...
En el mundo de fantasio, los pingüinos no necesitan internet pues saben que los mensajes de la belleza nunca tienen prisa y que las botellas que fueron de patxarán de Cuena son la mejor empresa de mensajería...
En el mundo de fantasio los barcos se alejan lentamente tras soltar amarras y los tripulantes saludan con la complicidad del que está seguro de haber encontrado su destino...
En el mundo de fantasio la noche nunca se cierne sino que sencillamente te envuelve...
En el mundo de fantasio alejarse no es siempre una mala cosa...
Y cuando la galerna de la lógica pone en evidencia al ingeniero, el capitan pingüi decide perseverar en el intento y navegar sobre sus lomos agrietados río abajo sin perder la buena costumbre de saludar y apunta con su ojo guiñado a la verde botella preñada que ajena a todo prosigue su camino lentamente pero sin detenerse...
miércoles, 27 de junio de 2012
El viaje de la Intrépida
Todo ocurrió en el silencio de la pérgola. Mientras el manso ejército las cajas de cartón dormía; mientras los humanos se despedían de sus iguales con palabras y con miradas, el capitán pingüi se desperezó lentamente y extendió su aleta amable hacia el mascarón de proa de la intrépida:
- Tenemos que hacer algo. Si no nos organizamos corremos el riesgo de caer en el olvido o, lo que es peor ¡en la compasión!
La intrépida levantó el mástil de la guitarra que le hacía las presentaciones con el viento y el agua y lo osciló de arriba a abajo para responder a la pregunta -que ya era reto- con una afirmación. No hacía falta más. El capitan pingüi comenzó a captar tripulantes. Muchos se enrolaron de inmediato conscientes de que la única forma de no perecer es, a veces, marcharse sin decir nada, lanzarse a la aventura empeñando el futuro a una incertidumbre que contemple la posibilidad del éxito, aun a sabiendas de que éste es improbable.
Primero fue el muñeco de vodoo de New Orleans con su pesada mirada de fracaso, luego los pitos de caña y el marco callejero que huyó de un contenedor del mercado de las flores. Un elefante rechoncho y amnésico que ignoraba de dónde venía pensó que aunque no tenía motivo para enrolarse, tampoco lo tenía para no hacerlo y que, en situación de empate técnnico, la aventura siempre debe vencer al miedo. La gorra campera de pana, el cristal griego que vino de manos de una taiwanesa de New York que endulzó con su sonrisa las veladas de los pubs londinenses y el vinilo de pasodobles taurinos interpretado por la "Banda taurina española" no tardaron en sumarse. En esas estaba el capitan pingüi, haciendo recuento de los tripulantes como si fueran las uvas en las ateridas manos de la plaza de sol de aquél 31 de Diciembre, cuando la caja de metal se hizo presente. Pese a su esqueleto de latón, logró reptar hasta la amura de la intrépida sin que ninguna de las cajas de cartón se despertara. Nada más llegar pidió entrevistarse con el capitán:
- Señor pingüi, le ruego que nos admita a bordo. Sé que somos muchos: todo un pueblo ¡una civilización! que adoró la luna llena mes tras mes. Así crecimos y llenamos de riqueza y de vida todo un periodo de fantasio, lo que para él será una era en su existencia. En mi vientre porto recuerdos que son, al mismo tiempo los más dulces y los más salados. Porto el caparazón de un primer día de amor bajo el arrullo del mar alentejano. Porto una estrella de mar venida desde el país de nunca jamás podrá ser. Porto caracolillos y ojos de buey del paso de Collantes y el corazón curtido por la lluvia, el tiempo y la sencillez del valle de Shirikawa-go latiendo al ritmo de la belleza. De Israel llegó el mesticismo y de Chile un puerco sonriente cantando albricias de anillos y corderos en las termas del Catillo. A última hora se nos incorporó una keniata rayada que no logra aliviar su sed por más que bebe. Una sardina de ojos de rubí serpentea por la realidad transformando con sus mágicas branquias lo inverosímil en cierto a través de la palabra. Para terminar, de Las Vegas la redondez de la amistad más verdadera nacida al lánguido calor de la madurez. Todos somos súbditos del sedoso tiempo de la Peña Gastronómico-Republicana "Luna llena". Todos somos devotos de los buenos sentimientos y adoramos el calor tímido del fuego de la inocencia.
- Sois bienvenidos a esta empresa. Serviréis de contrapeso en la marejada. Tan sólo debo haceros una pregunta ¿sois conscientes de que la belleza es el fin último de los actos de las personas y de los recuerdos?
- Si no lo fuéramos, capitán pingüi, nos habríamos extinguido hace mucho tiempo.
- Entonces no hay más que hablar. Seréis la plataforma desde la que salude todo lo bueno que se cruce en nuestro camino. Nos insuflaréis vuestro buen ánimo para que no perdamos nunca la esperanza de lo bello, para que las hogueras de San Juan de los enamorados no dejen de dibujar corazones en el césped achicharrado.
Y así se decidió la partida. Desde el muelle donde germinaron las más excelsas verónicas que fantasio jamás viera, un 28 de Junio de 2012, con la esperanza sideral de que, antes o después, alguien vea atracar a la intrépida y su cargamento de historias en algún puerto lejano a poder ser del sur y americano.
- Tenemos que hacer algo. Si no nos organizamos corremos el riesgo de caer en el olvido o, lo que es peor ¡en la compasión!
La intrépida levantó el mástil de la guitarra que le hacía las presentaciones con el viento y el agua y lo osciló de arriba a abajo para responder a la pregunta -que ya era reto- con una afirmación. No hacía falta más. El capitan pingüi comenzó a captar tripulantes. Muchos se enrolaron de inmediato conscientes de que la única forma de no perecer es, a veces, marcharse sin decir nada, lanzarse a la aventura empeñando el futuro a una incertidumbre que contemple la posibilidad del éxito, aun a sabiendas de que éste es improbable.
Primero fue el muñeco de vodoo de New Orleans con su pesada mirada de fracaso, luego los pitos de caña y el marco callejero que huyó de un contenedor del mercado de las flores. Un elefante rechoncho y amnésico que ignoraba de dónde venía pensó que aunque no tenía motivo para enrolarse, tampoco lo tenía para no hacerlo y que, en situación de empate técnnico, la aventura siempre debe vencer al miedo. La gorra campera de pana, el cristal griego que vino de manos de una taiwanesa de New York que endulzó con su sonrisa las veladas de los pubs londinenses y el vinilo de pasodobles taurinos interpretado por la "Banda taurina española" no tardaron en sumarse. En esas estaba el capitan pingüi, haciendo recuento de los tripulantes como si fueran las uvas en las ateridas manos de la plaza de sol de aquél 31 de Diciembre, cuando la caja de metal se hizo presente. Pese a su esqueleto de latón, logró reptar hasta la amura de la intrépida sin que ninguna de las cajas de cartón se despertara. Nada más llegar pidió entrevistarse con el capitán:
- Señor pingüi, le ruego que nos admita a bordo. Sé que somos muchos: todo un pueblo ¡una civilización! que adoró la luna llena mes tras mes. Así crecimos y llenamos de riqueza y de vida todo un periodo de fantasio, lo que para él será una era en su existencia. En mi vientre porto recuerdos que son, al mismo tiempo los más dulces y los más salados. Porto el caparazón de un primer día de amor bajo el arrullo del mar alentejano. Porto una estrella de mar venida desde el país de nunca jamás podrá ser. Porto caracolillos y ojos de buey del paso de Collantes y el corazón curtido por la lluvia, el tiempo y la sencillez del valle de Shirikawa-go latiendo al ritmo de la belleza. De Israel llegó el mesticismo y de Chile un puerco sonriente cantando albricias de anillos y corderos en las termas del Catillo. A última hora se nos incorporó una keniata rayada que no logra aliviar su sed por más que bebe. Una sardina de ojos de rubí serpentea por la realidad transformando con sus mágicas branquias lo inverosímil en cierto a través de la palabra. Para terminar, de Las Vegas la redondez de la amistad más verdadera nacida al lánguido calor de la madurez. Todos somos súbditos del sedoso tiempo de la Peña Gastronómico-Republicana "Luna llena". Todos somos devotos de los buenos sentimientos y adoramos el calor tímido del fuego de la inocencia.
- Sois bienvenidos a esta empresa. Serviréis de contrapeso en la marejada. Tan sólo debo haceros una pregunta ¿sois conscientes de que la belleza es el fin último de los actos de las personas y de los recuerdos?
- Si no lo fuéramos, capitán pingüi, nos habríamos extinguido hace mucho tiempo.
- Entonces no hay más que hablar. Seréis la plataforma desde la que salude todo lo bueno que se cruce en nuestro camino. Nos insuflaréis vuestro buen ánimo para que no perdamos nunca la esperanza de lo bello, para que las hogueras de San Juan de los enamorados no dejen de dibujar corazones en el césped achicharrado.
Y así se decidió la partida. Desde el muelle donde germinaron las más excelsas verónicas que fantasio jamás viera, un 28 de Junio de 2012, con la esperanza sideral de que, antes o después, alguien vea atracar a la intrépida y su cargamento de historias en algún puerto lejano a poder ser del sur y americano.
viernes, 15 de abril de 2011
... me levanto con el día y me pongo a caminar...
No le gustan las cortinas ni se pone antifaz para dormir, solo lo usa de vez en cuando por el día para ocultarse lo que ya conoce y pasar rápido por ese aro. Por eso se levanta con el Sol...ahora en Primavera es temprano, y repleto de energía. Si el Sol brilla de verdad es imposible no estar contento, y a esas horas suele hacerlo... un rato antes de que despierten los malos humos de las gentes y enturbien la atmósfera.
Así que sonríe... está contento con las nimiedades de su rutina en la reducida burbuja de estos últimos tiempos. Y emocionado porque dentro de poco la rutina nunca más volverá a serlo y tensará el arco y volará la flecha y con ella muchas de sus ilusiones llegarán más allá de su alcance.
Reflexiona en estos últimos días de tranquilidad y dormir al tempo de los pollos; En su exilio voluntario se trajo lo más importante, eso que te llevarías tú a la isla desierta, pero dejó...por gusto, valentía o ignorancia, todo lo demás atrás. Alejó a sus amigos, olvido los libros y la actualidad política, renunció casi a las palabras para empezar desde cero a balbucear, enterró la sardina,el choco y el boquerón frito. Lo hizo en cierto modo como ofrenda, como tributo o previo pago en pos de una búsqueda genuina, la de aquello verdaderamente importante. Y parece que lo ha encontrado; es lo mismo con lo que partió de viaje.
Va a tener razón el simplón de Coehlo y el tesoro está debajo de la higuera.
Así que después de tanta mudanza, tanto cambio por sistema, no puede evitar sentirse muy.
Muy tonto o muy listo y muy valiente, ¿muy estúpido? Se ríe recordando a la inminente abuela parafrasear a Aristóteles sin parar ...“el punto medio, hay que estar en el punto medio...“. Nunca estuvo de acuerdo, pero sí queda residual cierta aprensión por los „muy“.
Lo que es sin duda es muy afortunado.
Encontró el maná bendito y ahora sólo le falta compartirlo porque incluso el maná bendito sabe mejor si se alterna con cervecitas callejeras y aceitunas baratas en salmuera. A veces piensa que piensa demasiado y le cuesta reconocer que se siente simplemente lejos.
Lejos cerca?.La vida no es geométrica, como aquello de los Ríos...
Lo dijo aquel profeta bastardo
„las matemáticas no fallan...
...pero tampoco aman“
Así que sonríe... está contento con las nimiedades de su rutina en la reducida burbuja de estos últimos tiempos. Y emocionado porque dentro de poco la rutina nunca más volverá a serlo y tensará el arco y volará la flecha y con ella muchas de sus ilusiones llegarán más allá de su alcance.
Reflexiona en estos últimos días de tranquilidad y dormir al tempo de los pollos; En su exilio voluntario se trajo lo más importante, eso que te llevarías tú a la isla desierta, pero dejó...por gusto, valentía o ignorancia, todo lo demás atrás. Alejó a sus amigos, olvido los libros y la actualidad política, renunció casi a las palabras para empezar desde cero a balbucear, enterró la sardina,el choco y el boquerón frito. Lo hizo en cierto modo como ofrenda, como tributo o previo pago en pos de una búsqueda genuina, la de aquello verdaderamente importante. Y parece que lo ha encontrado; es lo mismo con lo que partió de viaje.
Va a tener razón el simplón de Coehlo y el tesoro está debajo de la higuera.
Así que después de tanta mudanza, tanto cambio por sistema, no puede evitar sentirse muy.
Muy tonto o muy listo y muy valiente, ¿muy estúpido? Se ríe recordando a la inminente abuela parafrasear a Aristóteles sin parar ...“el punto medio, hay que estar en el punto medio...“. Nunca estuvo de acuerdo, pero sí queda residual cierta aprensión por los „muy“.
Lo que es sin duda es muy afortunado.
Encontró el maná bendito y ahora sólo le falta compartirlo porque incluso el maná bendito sabe mejor si se alterna con cervecitas callejeras y aceitunas baratas en salmuera. A veces piensa que piensa demasiado y le cuesta reconocer que se siente simplemente lejos.
Lejos cerca?.La vida no es geométrica, como aquello de los Ríos...
Lo dijo aquel profeta bastardo
„las matemáticas no fallan...
...pero tampoco aman“
martes, 15 de junio de 2010
sábado, 5 de junio de 2010
Quietos, totalmente quietos.
Se viaja en prosa.
Viajar es, más que cualquier otra cosa, renunciar a la quietud. El viajero es siempre un elemento periférico a la realidad que, saltando de órbita en órbita, se va aproximando al núcleo verdadero -que no siempre coincide con el real- como otro hijo maldito de Pedro Páramo que entiende pero no comprende y/o viceversa. Este tránsito persistente imbuye al sujeto del movimiento y le inocula una inercia que dota de aceleración al pensamiento e impide la pausa (la quietud) necesaria para decantar las esencias. El viajero proyecta su acervo en los horizontes y aguarda a que el eco retorne. Como el eco es por definición un mal imitador del mensaje primigenio, el viajero tiene que recurrir al innoble arte de la traducción para descifrar y recifrar hasta construir una idea. En ese apasionante proceso de asimilación concurre la trampa de tener que hacer propio lo que en realidad es ajeno con la consecuente necesidad de rastrillar entre todas las palabras hasta encontar la menos alejada. La palabra es al fin una consecuencia hija de un anhelo.
El poeta, por el contrario, comtempla el mundo desde el epicentro de su existencia y asiste a la danza orbicular más o menos caótica de lo demás. El poeta mira desde sí, escucha en su fuero el terco repiquetear del mundo externo, lo desbasta de lo superfluo y lo condensa en el ardiente esplendor de las palabras que vibran y se modulan. La palabra se convierte en el principio de un todo innato, anterior al propio individuo. La palabra es una causa paridora de realidades.
Por eso los poetas no viajan, porque ya conocen todos los mundos de afuera y solo les interesan las palabras/oquedades de nuestras vidas que pueden pasarnos completamente desapercibidas si no permanecemos quietos, totalmente quietos.
Viajar es, más que cualquier otra cosa, renunciar a la quietud. El viajero es siempre un elemento periférico a la realidad que, saltando de órbita en órbita, se va aproximando al núcleo verdadero -que no siempre coincide con el real- como otro hijo maldito de Pedro Páramo que entiende pero no comprende y/o viceversa. Este tránsito persistente imbuye al sujeto del movimiento y le inocula una inercia que dota de aceleración al pensamiento e impide la pausa (la quietud) necesaria para decantar las esencias. El viajero proyecta su acervo en los horizontes y aguarda a que el eco retorne. Como el eco es por definición un mal imitador del mensaje primigenio, el viajero tiene que recurrir al innoble arte de la traducción para descifrar y recifrar hasta construir una idea. En ese apasionante proceso de asimilación concurre la trampa de tener que hacer propio lo que en realidad es ajeno con la consecuente necesidad de rastrillar entre todas las palabras hasta encontar la menos alejada. La palabra es al fin una consecuencia hija de un anhelo.
El poeta, por el contrario, comtempla el mundo desde el epicentro de su existencia y asiste a la danza orbicular más o menos caótica de lo demás. El poeta mira desde sí, escucha en su fuero el terco repiquetear del mundo externo, lo desbasta de lo superfluo y lo condensa en el ardiente esplendor de las palabras que vibran y se modulan. La palabra se convierte en el principio de un todo innato, anterior al propio individuo. La palabra es una causa paridora de realidades.
Por eso los poetas no viajan, porque ya conocen todos los mundos de afuera y solo les interesan las palabras/oquedades de nuestras vidas que pueden pasarnos completamente desapercibidas si no permanecemos quietos, totalmente quietos.
viernes, 28 de mayo de 2010
Sencilla AdivinanzA
Estrujo la distancia con el ceño, escudriñando el pasado.
Intento girar el reloj en mi cabeza y me duele cada aguja.
Según lo previsto, como siempre y sin embargo por sorpresa, se suceden las estaciones.... envejezco por momentos, decir adiós envejece, y me estoy despidiéndome de todo de continuo.
Sé que “lo bello del destino es el camino”, pero ahora solo quiero llegar. Y cierro los ojos.
Voy a llegar al mismo sitio que la sonrisa que sin querer insultarme lo hace, y disfruta. Justo delante mía.
Ya está claro que me he vuelto a equivocar, cada metro que recorro es una oportunidad perdida y me prometo acordarme la próxima vez.
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ahcram al a oirartnoc oditnes ne esratnes se ,adiv al ed omoc ,senert sol ed olam oL.
miércoles, 12 de mayo de 2010
La batalla
Viajo sobre una superficie, viajo a través de un tiempo pero sobre todo viajo entre lo concreto y lo abstracto con billete de inagotable ida y vuelta. Lo mismo me detengo a describir la redondez de un canto rodado encontrado en los alrededores de una gasolinera de un pueblo interpuesto en mi camino por el azar/infortunio de un problema de salud de uno de mis compañeros anónimos de viaje, que me adentro en los vapores del recuerdo que tantas veces se entreveran con las tinieblas de la melancolía.
Es redondo, de superficie pulida. Yace en una pequeña porción de tierra olvidada cubierta de vegetación verde intensa perlada por el rocío. La cojo y dejo un molde en el cieno que hablará de ella hasta la próxima lluvia torrencial. Su color es difícil de describir: tiene un fondo de ámbar con vetas gris pizarra pintarrajeadas. Pesa más de lo que había previsto; quizás arrastra alguna culpa. El tacto inicial me parece algo crispado pero al pasarla por las mejillas me regala un cosquilleo amable...
...un cosquilleo amable sin llegar a rozarme: la película contraída de aire entre dos pieles puede llegar a ser el primer segundo de vida de un gran huracán. Hay dos tipos de huracanes: los que saltan a la vista de cualquiera y los que sólo son percibidos por uno mismo. Los primeros suelen ser portada de los ávidos medios de comunicación. Los segundos suelen morir en la incomprensión aunque a veces terminan convirtiéndose en un poema. Son afortunados los que encontraron la varita mágica ,y escarbando en sus raíces y escrutando sus tallos hojados más allá del límite de su conciencia, se volvieron entonces imperecederos...
¡Por fin encuentro la maldita farola cubista! Me presento con cierta displicencia; dudo que haya merecido la pena tanto pateo. Detengo la tentación de despreciarla e intento imaginar su puesta de largo en una tarde exiliada de su presente donde alguno quiso pensar que torciendo las farolas, haciéndolas vibrar como la cuerda de una guitarra, lograría cambiar la inercia de un mundo abocado a la disputa.
Saco mi piedra y la coloco en el farol a modo de bombilla. Me alejo de la farola con unos pasos para atrás y siento la mirada cómplice del surrealista que la diseñó en los ojos de un joven sin prisa.
Un escalofrío de frío que no de emoción me devuelve a la realidad compartida. En el cielo se ciernen los nubarrones. Recuerdo aquello de que "cuando el Kafka vuela bajo hace frío del carajo". Me merezco una buena cerveza, un plato caliente y compañía.
Una vez más lo concreto se ha impuesto...
Es redondo, de superficie pulida. Yace en una pequeña porción de tierra olvidada cubierta de vegetación verde intensa perlada por el rocío. La cojo y dejo un molde en el cieno que hablará de ella hasta la próxima lluvia torrencial. Su color es difícil de describir: tiene un fondo de ámbar con vetas gris pizarra pintarrajeadas. Pesa más de lo que había previsto; quizás arrastra alguna culpa. El tacto inicial me parece algo crispado pero al pasarla por las mejillas me regala un cosquilleo amable...
...un cosquilleo amable sin llegar a rozarme: la película contraída de aire entre dos pieles puede llegar a ser el primer segundo de vida de un gran huracán. Hay dos tipos de huracanes: los que saltan a la vista de cualquiera y los que sólo son percibidos por uno mismo. Los primeros suelen ser portada de los ávidos medios de comunicación. Los segundos suelen morir en la incomprensión aunque a veces terminan convirtiéndose en un poema. Son afortunados los que encontraron la varita mágica ,y escarbando en sus raíces y escrutando sus tallos hojados más allá del límite de su conciencia, se volvieron entonces imperecederos...
¡Por fin encuentro la maldita farola cubista! Me presento con cierta displicencia; dudo que haya merecido la pena tanto pateo. Detengo la tentación de despreciarla e intento imaginar su puesta de largo en una tarde exiliada de su presente donde alguno quiso pensar que torciendo las farolas, haciéndolas vibrar como la cuerda de una guitarra, lograría cambiar la inercia de un mundo abocado a la disputa.
Saco mi piedra y la coloco en el farol a modo de bombilla. Me alejo de la farola con unos pasos para atrás y siento la mirada cómplice del surrealista que la diseñó en los ojos de un joven sin prisa.
Un escalofrío de frío que no de emoción me devuelve a la realidad compartida. En el cielo se ciernen los nubarrones. Recuerdo aquello de que "cuando el Kafka vuela bajo hace frío del carajo". Me merezco una buena cerveza, un plato caliente y compañía.
Una vez más lo concreto se ha impuesto...
sábado, 1 de mayo de 2010
Echar de Menos I
Mi destino es solo una meta intermedia con la que medio organizo mis viajes, siempre abierto a cualquier intuición que varíe mis rumbos. Llevo mucho viajando, pero no soy un vagamundo. Tengo algo parecido a lo que denominamos cada uno “nuestro sitio“. Y gracias a los locutorios hablo con “los míos“ a menudo (de hecho estoy convencido de que con muchos de ellos tengo una relación más intensa que si viviera allí).Suele salir en esas y otras conversaciones la pregunta;
¿No echas de menos? La respuesta es NO. Pero eso de echar de menos siempre se me queda flotando en la cabeza, dos centímetros delante de la frente.
Cuando A. me dice al auricular “....Te quiero. Te echo de menos...” siento que me arroja instantáneamente la responsabilidad de su vida: a mi me suena a no puedo vivir sin tí y me siento al momento culpable de todo lo malo que pudiera pasarle, luego reflexiono y traduzco para mi cerebro profundo; “puedo vivir sin tí pero me gustaría tenerte de vez en cuando al lado y disfrutaría viviendo más contigo”. Y ese agobiante sentimiento se transforma otra vez en amor. Pero sigue levitando sobre mis cejas el “echar de menos”....
¿Qué echamos de menos? Para empezar lo que nunca tuvimos , como dijo Sabina. En mi caso por ejemplo; libros, mujeres, personas, lugares... pero así más en concreto:
¿No echas de menos? La respuesta es NO. Pero eso de echar de menos siempre se me queda flotando en la cabeza, dos centímetros delante de la frente.
Cuando A. me dice al auricular “....Te quiero. Te echo de menos...” siento que me arroja instantáneamente la responsabilidad de su vida: a mi me suena a no puedo vivir sin tí y me siento al momento culpable de todo lo malo que pudiera pasarle, luego reflexiono y traduzco para mi cerebro profundo; “puedo vivir sin tí pero me gustaría tenerte de vez en cuando al lado y disfrutaría viviendo más contigo”. Y ese agobiante sentimiento se transforma otra vez en amor. Pero sigue levitando sobre mis cejas el “echar de menos”....
¿Qué echamos de menos? Para empezar lo que nunca tuvimos , como dijo Sabina. En mi caso por ejemplo; libros, mujeres, personas, lugares... pero así más en concreto:
- Conocimientos que me hubieran evitado situaciones bochornosas de las que, aún vividas, no aprendí nada.
- Un adolescencia más agitada sexualmente hablando.
- Un acto de rebelión infantil, tipo escaparse de casa dos días o algo así.
- ….
miércoles, 28 de abril de 2010
Paisajes y conversaciones
Finalmente llegué a Suiza. Me encontraba cansado, terriblemente entumecido, con esa sensación de no tener claro si no había dormido nada o había dormido demasiado y el estómago disgustado después de las comidas de cafetería de autovía siempre bañadas en mayonesas de dudosa honorabilidad y bebidas gaseosas de todos los colores. Estuve tentado de meterme en el primer hotel, pero decidí dar una vuelta. La ciudad mostraba el mismo aspecto que todas las ciudades de Suiza que conozco; bien podría estar en Lausanne, en Ginebra, en Zurich o en Lucerna. No sentía un especial interés y estaba cansado por lo que decidí sentarme y pensar en mis últimas horas que al mismo tiempo eran mis primeras horas de viaje.
Me percate de que estaba contento y lo atribuí a la sensación de haber llegado a algún lugar. Si hubiera viajado en avión mis primeras pisadas hubieran carecido de contenido; sales del aeropuerto con el sentimiento de haber pasado unas horas en un puro trámite y que todo comienza en ese momento. Los kilómetros te curten, te muelen los huesos pero te regalan una experiencia. Te conceden paisajes que quizás nunca más vuelvas a ver y en ocasiones también conversaciones.
De todos los afectados por la nube de ceniza sólo había un rostro que mostraba placidez. Me senté a su lado y comenzamos a conversar. Me contó que tenía un miedo atroz a los aviones y que la cancelación del vuelo le había supuesto un gran alivio. Me explicó que antes no los temía. Una buena noche no sabe todavía por qué, en el momento ese exacto del sueño en que la mente empieza a liberarse del consciente, se despertó sobresaltada. Había pasado por su mente una imagen de un avión precipitándose pero no le dio excesiva importancia. Sin embargo día tras día el recuerdo fue haciéndose presente cada vez con mayor asiduidad. Cuando tuvo que coger un vuelo comprendió que ya no controlaba la angustia y sintió por primera vez la sequedad de boca de lija. Desde entonces cada viaje en avión es un suplicio y cada vuelo no realizado como si le regalaran la oportunidad de seguir viviendo.
Me dejó pensando. Yo me veía con mi mochila, mis pantalones recién comprados en una gran superficie y mi cuaderno prácticamente en blanco y sentía que el miedo era algo ajeno. En mi recién estrenada condición de viajero me sentía inexpugnable, íntegro, capaz de convertir cualquier contratiempo en una aventura, el riesgo en una anécdota, la enfermedad en un tributo...y así sigo pensando pues si no, no lo escribiría.
Mi idea es partir pronto hacia mi destino inicial. Iba a mirar billetes de avión porque es más rápido, pero no tengo prisa. Iba a comprarlo porque es menos incómodo, pero no tengo claro que la búsqueda de la comodidad sea uno de los atributos del viajero...
Habrán pues más paisajes y ¡ojalá! conversaciones.
Me percate de que estaba contento y lo atribuí a la sensación de haber llegado a algún lugar. Si hubiera viajado en avión mis primeras pisadas hubieran carecido de contenido; sales del aeropuerto con el sentimiento de haber pasado unas horas en un puro trámite y que todo comienza en ese momento. Los kilómetros te curten, te muelen los huesos pero te regalan una experiencia. Te conceden paisajes que quizás nunca más vuelvas a ver y en ocasiones también conversaciones.
De todos los afectados por la nube de ceniza sólo había un rostro que mostraba placidez. Me senté a su lado y comenzamos a conversar. Me contó que tenía un miedo atroz a los aviones y que la cancelación del vuelo le había supuesto un gran alivio. Me explicó que antes no los temía. Una buena noche no sabe todavía por qué, en el momento ese exacto del sueño en que la mente empieza a liberarse del consciente, se despertó sobresaltada. Había pasado por su mente una imagen de un avión precipitándose pero no le dio excesiva importancia. Sin embargo día tras día el recuerdo fue haciéndose presente cada vez con mayor asiduidad. Cuando tuvo que coger un vuelo comprendió que ya no controlaba la angustia y sintió por primera vez la sequedad de boca de lija. Desde entonces cada viaje en avión es un suplicio y cada vuelo no realizado como si le regalaran la oportunidad de seguir viviendo.
Me dejó pensando. Yo me veía con mi mochila, mis pantalones recién comprados en una gran superficie y mi cuaderno prácticamente en blanco y sentía que el miedo era algo ajeno. En mi recién estrenada condición de viajero me sentía inexpugnable, íntegro, capaz de convertir cualquier contratiempo en una aventura, el riesgo en una anécdota, la enfermedad en un tributo...y así sigo pensando pues si no, no lo escribiría.
Mi idea es partir pronto hacia mi destino inicial. Iba a mirar billetes de avión porque es más rápido, pero no tengo prisa. Iba a comprarlo porque es menos incómodo, pero no tengo claro que la búsqueda de la comodidad sea uno de los atributos del viajero...
Habrán pues más paisajes y ¡ojalá! conversaciones.
martes, 27 de abril de 2010
lo que se dice un viaje
Nadie se esperaba el caos aéreo de hace diez días. Inmediatamente después del mortal accidente aéreo de la plana mayor de Polonia, un volcán islandés, Eyjafjalla, mancha los cielos europeos de cenizas y se activan todas las sensibilizadas alarmas.
Tambíen trastocó mis planes pero tengo que reconocer que, salvo desgracias personales, encuentro una particular satisfacción en que sucesos naturales varíen nuestra rígida agenda humana de aniversarios, cumpleaños, vuelos comprados con meses de antelación y cuartos de final de competiciones deportivas. Me alegra que llueva, haya erupciones e incluso terremotos imprevistos (aún). Me hacen sentirme parte de la Naturaleza y no un número de cliente o consumidor.
Por unos días no soy otro ente virtual indistinguible de tantos miles, y tengo que hacer a ras de tierra eso cientos de kilómetros que en condiciones normales (pero reconozcamos que normales en el sentido de “lógicas” no son) habría salvado en una suerte de anónima teletransportación vuelta a repetir de salas de espera. Ninguno de los que no tomamos aquellos vuelos supuso que íbamos a vivir esta odisea atravesando Europa, pero ahora, ya duchados, creo que estaremos contentos con la experiencia.
Conocimos los nombres de las personas que teníamos sentadas al lado, compartimos la comida, nos contamos nuestras vidas, alguno repartió ropa interior , limpia, a aquellos con maletas en los limbos aeroportuarios, cantamos canciones desconocidas a coro e intercambiamos mailes que quién sabe si lo mismo utilizaremos alguna vez. Vamos, lo que se dice un viaje.
Tambíen trastocó mis planes pero tengo que reconocer que, salvo desgracias personales, encuentro una particular satisfacción en que sucesos naturales varíen nuestra rígida agenda humana de aniversarios, cumpleaños, vuelos comprados con meses de antelación y cuartos de final de competiciones deportivas. Me alegra que llueva, haya erupciones e incluso terremotos imprevistos (aún). Me hacen sentirme parte de la Naturaleza y no un número de cliente o consumidor.
Por unos días no soy otro ente virtual indistinguible de tantos miles, y tengo que hacer a ras de tierra eso cientos de kilómetros que en condiciones normales (pero reconozcamos que normales en el sentido de “lógicas” no son) habría salvado en una suerte de anónima teletransportación vuelta a repetir de salas de espera. Ninguno de los que no tomamos aquellos vuelos supuso que íbamos a vivir esta odisea atravesando Europa, pero ahora, ya duchados, creo que estaremos contentos con la experiencia.
Conocimos los nombres de las personas que teníamos sentadas al lado, compartimos la comida, nos contamos nuestras vidas, alguno repartió ropa interior , limpia, a aquellos con maletas en los limbos aeroportuarios, cantamos canciones desconocidas a coro e intercambiamos mailes que quién sabe si lo mismo utilizaremos alguna vez. Vamos, lo que se dice un viaje.
lunes, 26 de abril de 2010
Cabría pensar que en mi nombre adquirido están cifradas las grandes historias de mi vida, pero he de advertir que no me gustan las obviedades. Creo más poderosa a la insinuación que a la ostentación. Cierto es que tengo algo de fantasio y de salado y de marino, sin duda. Pero aspiro a tener más rostros. Ocurre además que si mi nombre recogiera todos mis "yoes" -pasados, presentes y futuros- en vez de tener un nombre tendría una retahíla y, a ojos de los demás, en vez de una persona parecería un listín telefónico. Por ello confío en que el afán curioseador de mi lector sea capaz de rellenar con sus conjeturas los grandes espacios y tiempos que, al igual que en el caso de mi nombre, dejarán los retales de mis vivencias que periódicamente aparezcan en este blog.
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domingo, 25 de abril de 2010
Mi verdadero Nombre
Fantasio Sal Marina es mi verdadero nombre, quizás no aquel que me pusieron al nacer pero sí ese por el que me conocen y me reconozco. Ese con el que me presento cuando alguién me pregunta o sin que me pregunte nadie.
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