viernes, 25 de febrero de 2011

Almas gemelas

Pusilánime, cuatralbo, cariacontecido, trémulo, estertóreo, furibundo, errabundo -¡cómo no!-, trapisondista, celebérrimo, concupisciente, reverberante, henchido, reloj, saltimbanqui, edulcorado, pizpireta ¡ay!, pingüe, carismático, abisal, veleto, carpetovetónico, bizarro, montaraz, lenguaraz, asaz y todas las palabras que terminan en "az", arrebujado, cetrino, sulfuroso, casquivano, zafarrancho, soliloquio, columbrar, bisbisear, birlibirloque, chisgarabís, mequetrefe, cuchufleta, coscoletas, minflonflos ¡sabor!, zarco, desternillante, óculo, óbito, ríspido ¡esdrújulas al poder!, vecorreydile, pantagruélico, vetusta, valetudinaria, sílfide, adefesio, agelastes ¡yo sí que río!, cancerbero ¡uy, qué miedo! Palabra, verbo ¿Hay alguien ahí?

Amigos extraños

De aquel amigo con el que conversaba apenas recuerdo su rostro y que era ligeramente más alto que yo.

En un momento de la conversación hiló un cuento de su propia invención hecho de palabras breves que en su propia sencillez escondían una belleza extrañamente armónica.

Pensé cuánto envidiaba a aquel amigo por haber sido capaz de crear ese cuento.

Luego desperté y me di cuenta de que aquel cuento no tenía ningún dueño y que flotaba en el abismo de mi subconsciente esperando a ser capturado; quién sabe si algún día lo lograré.

jueves, 27 de enero de 2011

Ahora

Sepultado por el alud del presente.

Desorientado, escarbo y escarbo...

alejándome de la superficie.

miércoles, 19 de enero de 2011

Sueños

En mi vida jamás había recordado mis sueños...

Hoy sin embargo, estabais los tres, cenando en algún lugar familiar que no logré reconocer. Conversábamos tranquilamente de las emociones de estos últimos tiempos, cada uno a su manera, en su terreno, rebosantes de vida, con los proyectos que nos ocupan y que nos convierten en felices conscientes; bah, quizas "felices" ya no sea un buen adjetivo: nos falta ya mucha inocencia para regalarnos ese calificativo. Quizás estusiasmados, quizás con todo nuestro afán en que las cosas salgan bien, quizás conocedores de que lo que nos traemos entre manos sólo puede salir bien ¡en ello nos va la vida! ¡Ay, sí, la vida! Esa cosa abstracta que sólo se vuelve carnosa, verdadera, indudable con las mejores y las peores noticias...

Mi parte como sabéis en este pedazo de presente tiene que ver con mi gran viaje. Tiene que ver con esta bicicleta y esta compañía. Tiene mucho que ver con los recuerdos en los que aparecemos juntos. Al contrario que uno de vosotros yo no "escribo para recordar lo que no he vivido" sino que escribo para recordar todo lo que vivimos, todos nuestros tropiezos, nuestras ternuras y nuestras osadías.

Ahora, en este momento me entero de que a nuestro amigo, que era igual que nosotros, ya sólo le queda el pasado. Me entero de que nadie sabe la causa de la muerte súbita y de que llevaba unos días cansado. Me quedo en silencio, me acuerdo de él y pienso que me gustaría estar allí, con vosotros. Como no es posible, sólo me quedó soñarlo.

Lo mismo nos pasará para siempre con P. Por eso, con la mentalidad de aquél niño de cuatro años, pienso y siento: como no va a ser posible volver a verte, te soñaremos.

lunes, 17 de enero de 2011

T.S. Eliot ya contó hace más de 60 años "cosas" de la época actual

" En la época actual, en que los hombres parecen más inclinados que nunca a confundir sabiduría con conocimiento y conocimiento con información, y a tratar de resolver problemas vitales en términos de ingeniería, está naciendo una nueva especie de provincianismo, que quizá merezca un nombre nuevo. No es un provincianismo espacial sino temporal, un provincianismo cuya historia es la mera crónica de las invenciones humanas que sirvieron en su momento y fueron deshechadas, un provincianismo para el cual el mundo es propiedad exclusivo de los vivos, sin participación alguna de los muertos. El peligro de esta clase de provincianismo es que todos, todos los pueblos de la tierra podemos ser juntos provincianos; y a quienes no se contentan con serlo, sólo les queda convertirse en ermitaños"

Sobre la poesía y los poetas
T.S. Eliot 1944.

sábado, 2 de octubre de 2010

mezclando cosas importantes....

Me ha pillado "fuera". Como si no lo esperase o no lo hubiésemos estado buscando... voy a tener un hijo.
Lo de viajar, o más acorde con la realidad, lo de vivir en otros sitios no es más que una forma algo enrevesada de búsqueda.... una búsqueda que para mí no ha concluido, o quizás sí ha concluido pero sin encontrar nada al final de la carretera. Todo han sido metas volantes de esas que algunos ciclistas secundarios pelean , a 25, 20 , 10 y 5 kilómetros de meta, pero no he llegado al premio de ENTENDER.
Ahora me preguntan que si lo vamos a tener “aquí” o “allí”, que por qué no “volvemos a casa”. Yo tengo clarísimo que mi casa somos nosotros dos y el año que viene nosotros tres y que volver no es lo que quiero hacer con mi vida.
No me importa la lengua ni el lugar ni las temperaturas invernales. Pero me aterra tener un crío al que no voy a saber bien qué enseñarle porque a mí se me ha ido la juventud buscando y recorriendo sin aprender nada práctico de lo que esté medianamente seguro.
Afortunadamente la naturaleza es sabía; nos da primero nueve meses y luego algunos más antes de empezar a recibir preguntas de quién, le enseñes o no, lo va a aprender todo de tí.

martes, 15 de junio de 2010

....QTO...

Quiero Quietud.
Quiero Quietarme Quieto.
...
...
...
...
quietantemente Quieto.

sábado, 5 de junio de 2010

Quietos, totalmente quietos.

Se viaja en prosa.

Viajar es, más que cualquier otra cosa, renunciar a la quietud. El viajero es siempre un elemento periférico a la realidad que, saltando de órbita en órbita, se va aproximando al núcleo verdadero -que no siempre coincide con el real- como otro hijo maldito de Pedro Páramo que entiende pero no comprende y/o viceversa. Este tránsito persistente imbuye al sujeto del movimiento y le inocula una inercia que dota de aceleración al pensamiento e impide la pausa (la quietud) necesaria para decantar las esencias. El viajero proyecta su acervo en los horizontes y aguarda a que el eco retorne. Como el eco es por definición un mal imitador del mensaje primigenio, el viajero tiene que recurrir al innoble arte de la traducción para descifrar y recifrar hasta construir una idea. En ese apasionante proceso de asimilación concurre la trampa de tener que hacer propio lo que en realidad es ajeno con la consecuente necesidad de rastrillar entre todas las palabras hasta encontar la menos alejada. La palabra es al fin una consecuencia hija de un anhelo.

El poeta, por el contrario, comtempla el mundo desde el epicentro de su existencia y asiste a la danza orbicular más o menos caótica de lo demás. El poeta mira desde sí, escucha en su fuero el terco repiquetear del mundo externo, lo desbasta de lo superfluo y lo condensa en el ardiente esplendor de las palabras que vibran y se modulan. La palabra se convierte en el principio de un todo innato, anterior al propio individuo. La palabra es una causa paridora de realidades.

Por eso los poetas no viajan, porque ya conocen todos los mundos de afuera y solo les interesan las palabras/oquedades de nuestras vidas que pueden pasarnos completamente desapercibidas si no permanecemos quietos, totalmente quietos.