lunes, 25 de abril de 2011

[a saeta] Salobre, dulce, salada.

Salimos del antiguo muelle donde merodeaban los buscones. Siguiendo el río grande atravesamos las mil herraduras y nos desviamos a babor en busca de una nueva vertiente. Ocurre sin embargo que no encontramos un río verdadero. Lo que vemos, en su defecto, son miles de ojos remansados con sus pestañas de juncos. Proseguimos hacia el secarral donde dos vetustos ríos serpentean por la llanura bajo los ecos de los estertores de Lucitas y las risas derrotadas de los gancheros. Saltamos después de la ruborizante belleza de los subalternos afluentes que nunca tendrán novela, hasta el río que cambió de mar, sin poder saludarlo más que desde las catacumbas que impone el progreso. En el desierto, percibimos la ausencia de agua como algo físico, desasosegante, provocándonos la conciencia, aquilatándola como la sangre de la vida. Un osado y desconocido río se acurruca contra la sierra quizás buscando el amparo de la sombra. Un último afluente con ínfulas. La penúltima agua gris, transporta diluido el color de la industria. Y al final, como al principio de los principios, agua salada.

[La saeta] Epílogo.

Reconozcamos desde el principio que hay algo obsceno en el hecho de atravesar la península en apenas cinco horas y media. Pero esta elección fue un acto vital. Y todos los actos de vida, por definición, tienen una sombra, una aflicción oculta. Querer vivir en la ignorancia de esta circunstancia es una necedad.

Decidí ir en tren por varios motivos. El primero por mi fobia a los aviones y a las compañías aéreas. El segundo porque así podía parar en Madrid a la vuelta y ver a gente querida. Y el tercero, y fundamental, porque sospechaba que no iba a salir indemne de este gran viaje a través de toda la anatomía de la península.

En Mejorada del Campo alcanzamos los 300 Km/hora. La velocidad, odiosa en tantas cosas de la vida, es la que otorga, en este caso, valor al viaje, ya que es la que permite atravesar todas las franjas, las sierras, las vertientes, las ciudades, sin tiempo de tener preferencias. Además los rápidos cambios de color, de luz y de vegetación permiten contrastar cada uno de los paisajes atravesados con el precedente y el sucesivo resaltando la belleza multifacética de la península y su capacidad de mutar tanto en tan poco espacio y en tan poco tiempo.

Es en las peculiaridades del tren, de la velocidad y de mis ojos donde nació esta Iberia asaeteada. Fue posteriormente, tras una pregunta de mi compañero de asiento ya en Barcelona, cuando se acendró la voluntad de hacerlo texto. Finalmente como tantas veces hizo falta un día lluvioso para que se hiciera realidad.

viernes, 15 de abril de 2011

... me levanto con el día y me pongo a caminar...

No le gustan las cortinas ni se pone antifaz para dormir, solo lo usa de vez en cuando por el día para ocultarse lo que ya conoce y pasar rápido por ese aro. Por eso se levanta con el Sol...ahora en Primavera es temprano, y repleto de energía. Si el Sol brilla de verdad es imposible no estar contento, y a esas horas suele hacerlo... un rato antes de que despierten los malos humos de las gentes y enturbien la atmósfera.

Así que sonríe... está contento con las nimiedades de su rutina en la reducida burbuja de estos últimos tiempos. Y emocionado porque dentro de poco la rutina nunca más volverá a serlo y tensará el arco y volará la flecha y con ella muchas de sus ilusiones llegarán más allá de su alcance.

Reflexiona en estos últimos días de tranquilidad y dormir al tempo de los pollos; En su exilio voluntario se trajo lo más importante, eso que te llevarías tú a la isla desierta, pero dejó...por gusto, valentía o ignorancia, todo lo demás atrás. Alejó a sus amigos, olvido los libros y la actualidad política, renunció casi a las palabras para empezar desde cero a balbucear, enterró la sardina,el choco y el boquerón frito. Lo hizo en cierto modo como ofrenda, como tributo o previo pago en pos de una búsqueda genuina, la de aquello verdaderamente importante. Y parece que lo ha encontrado; es lo mismo con lo que partió de viaje.

Va a tener razón el simplón de Coehlo y el tesoro está debajo de la higuera.
Así que después de tanta mudanza, tanto cambio por sistema, no puede evitar sentirse muy.
Muy tonto o muy listo y muy valiente, ¿muy estúpido? Se ríe recordando a la inminente abuela parafrasear a Aristóteles sin parar ...“el punto medio, hay que estar en el punto medio...“. Nunca estuvo de acuerdo, pero sí queda residual cierta aprensión por los „muy“.
Lo que es sin duda es muy afortunado.

Encontró el maná bendito y ahora sólo le falta compartirlo porque incluso el maná bendito sabe mejor si se alterna con cervecitas callejeras y aceitunas baratas en salmuera. A veces piensa que piensa demasiado y le cuesta reconocer que se siente simplemente lejos.

Lejos cerca?.La vida no es geométrica, como aquello de los Ríos...

Lo dijo aquel profeta bastardo
„las matemáticas no fallan...
...pero tampoco aman“

jueves, 7 de abril de 2011

Sin título

Ahora que llevo en la tundra demasiado tiempo como para contarlo, jugaré a dejar volar la imaginación...Vamos allá, cuesta un poco desentumecer -¡rutina mata!- pero lentamente las alas empiezan a mover el aire y los pies se vuelven ligeros...el centro de gravedad sube hasta el cuello y, cuando me quiero dar cuenta, ya estoy suspendido con los ojos abiertos o cerrados o ¡yo qué coño sé!

Es Martes y no toca trabajar (he dicho que voy a imaginar). Noto como el alba viene más cálida de lo normal. Bajo. ¡Humm, tostada con jamón! Me la ha puesto el camarero mudo sin ni siquiera haberme preguntado. Cojo el coche y me pierdo, desde el primer kilómetro me pierdo para que quede claro que esa era mi primera y única intención. Asciendo por alguna carretera de sierra mentirosa que serpentea entre las moles de granito. El cielo gris plomizo como si se fuera a caer encima de nosotros. Viento de levante dando nombre a los puertos y un absoluto silencio. Hago camino sin prisa hasta llegar a un pueblo perdido. El pueblo es de una sola calle y en el nace un río. Busco un restaurante por vagas referencias y al pasar por segunda vez por la calle principal, un hombre que circula en sentido contrario me hace señas. Bajo la ventanilla.
- ¿Te has perdido? Como te he visto pasar dos veces...
- No - respondo cual Páramo tragabuche.

Paro a comer que ¡hasta en las imaginaciones pasa uno hambre! Un cocido con tocino y dos huevos fritos con la yema naranja como si fuera el sol atardeciendo con patatas, naranja todavía sabrosa.
- Ocho euros.
- Sí -respondo ya desde la siesta.

Recupero distancia. Reconozco el camino aunque cuando llego al desvío la carretera no existe más. Las lluvias la han derrumbado. "Yo he venido para entrar" imagino que me digo. Me cuelo por la valla, túmulos y túmulos, una oveja con dos corderillos y un arco medio derruido...pero yo no voy a eso, yo voy a alcanzar el punto geodésico que se divisa desde allá abajo. Lo alcanzo renqueante por el esguince que me hice cuando imaginaba que todavía era joven. Sobre mí el cielo se cierne como un enfado de dioses y el viento arranca carreras de seres imaginarios por los campos de cereal. Abro el libro y leo:

Los dos están días enteros

con poca luz y sin hablar.

Hoy cada paso, ya sin sueños,

lo empuja el viento de otros pasos

en dirección a ningún sitio.

Bajo la piel se va marcando

con impudicia el esqueleto:

cuanto posee cada uno

va reflejándose en los ojos

del otro,donde ya no lucen

más que el recuerdo y la venganza.

Puestos de cara a la penumbra,

dando la espalda a la ventana,

nunca han estado así de juntos:

como si fuese un gran amor,

el odio puede mantener a raya

hasta a la propia muerte.


Giro 360 grados y no encuentro obstáculos al horizonte. Inicio la vuelta cuando un susurro me llega por el oeste y me dice:

- Nos vemos aquí el día más largo del año, ante mí, el testigo eterno de la vida, antes de la fiesta pública. Trae los símbolos y diles a los buenos amigos que estén presentes.


Retorno a la legalidad pero sigo imaginando. Todavía no quiero volver a la realidad. Por eso ahora entro en un pueblo invisible y por sus estrechas calles encaladas viro a izquierda y derecha hasta encontrar en su corazón sepultado un río corriente. Me pido un mosto y veo como un cliente mudo y hemipléjico se acerca a la barra y levanta las cejas; la camarera ¡otra vez sin necesitar palabras! le sirve un plato de ensaladilla.


Ya es la hora. Regreso a mi tundra y me encuentro con un cielo de arena que permite mirar al sol sin que deslumbre.

- Acuérdate de nuestro pacto -le digo.

Y guiñándose como un ojo se pierde por el horizonte que marca el fin de esta fantasía.


PD: No sé si será otra jugarreta de mi imaginación, pero lo cierto es que esta mañana me he encontardo un libro de Joan Margarit en el bolsillo de mi chaqueta.

martes, 29 de marzo de 2011

Estrambote

La línea más corta entre dos puntos no es la recta. Si lo fuera, los ríos podrían trazarse con una regla en los mapas y sus dos orillas serían idénticas. En la tierra, sobre la tierra, la línea más corta entre dos puntos sube, baja, vira y hasta se retuerce. Por eso, no lo llamamos recta sino camino. En el tiempo, por el contrario, sólo existe la línea recta; por eso necesitamos soñar que retrocedemos, que no lo seguimos sino que lo caminamos.

sábado, 19 de marzo de 2011

Dos orillas...

...y un río. El río del mundo definitivo y verdadero que se condensa en nuestra mente después de ligar vivencias, percepciones, anhelos, análisis y preferencias.

Cuando era chico tenía una mentalidad científica. Revolvía entre los montones de mis escombros hasta hallar la ecuación ajustada a la realidad científica, demostrable y reproducible. Siempre había algunas pequeñas lagunas que rellenaba con la imaginación pero, a la postre, el entramado de mi pensamiento era riguroso, científicamente plausible.

Sin embargo, con el tiempo, esa urdimbre ortodoxa se ha ido haciendo cada vez más laxa dejando grandes vacíos. Las leyes de la ciencia no me permiten zurcir esos grandes descosidos y sólo tengo una aguja roma enhebrada por un hilo invisible, indecentemente imaginario, para devolver la consistencia a mi pensamiento.

Dos orillas y un río. En una de ellas el agua pasa previsible, linealmente sin dejar huella. En la otra, arrastra los lodos de la vida y sedimenta creando vegas fértiles donde el pensamiento se arraiga y florece.

Las dos son necesarias, pero yo tengo claro donde construiré mi casa.

viernes, 25 de febrero de 2011

Almas gemelas

Pusilánime, cuatralbo, cariacontecido, trémulo, estertóreo, furibundo, errabundo -¡cómo no!-, trapisondista, celebérrimo, concupisciente, reverberante, henchido, reloj, saltimbanqui, edulcorado, pizpireta ¡ay!, pingüe, carismático, abisal, veleto, carpetovetónico, bizarro, montaraz, lenguaraz, asaz y todas las palabras que terminan en "az", arrebujado, cetrino, sulfuroso, casquivano, zafarrancho, soliloquio, columbrar, bisbisear, birlibirloque, chisgarabís, mequetrefe, cuchufleta, coscoletas, minflonflos ¡sabor!, zarco, desternillante, óculo, óbito, ríspido ¡esdrújulas al poder!, vecorreydile, pantagruélico, vetusta, valetudinaria, sílfide, adefesio, agelastes ¡yo sí que río!, cancerbero ¡uy, qué miedo! Palabra, verbo ¿Hay alguien ahí?

Amigos extraños

De aquel amigo con el que conversaba apenas recuerdo su rostro y que era ligeramente más alto que yo.

En un momento de la conversación hiló un cuento de su propia invención hecho de palabras breves que en su propia sencillez escondían una belleza extrañamente armónica.

Pensé cuánto envidiaba a aquel amigo por haber sido capaz de crear ese cuento.

Luego desperté y me di cuenta de que aquel cuento no tenía ningún dueño y que flotaba en el abismo de mi subconsciente esperando a ser capturado; quién sabe si algún día lo lograré.